My dear brothers and friends:
Would you like to be happy?
As you know, for a number of years now I have been trying to live a life by which God might be pleased. As a result, I can tell you that if you want to be happy, your happiness must be in God and come from God. (Toda buena dádiva y todo don perfecto descienden de lo alto, del Padre de las luces. Stgo 1.17)
But not everybody knows how to make God his happiness or to seek happiness in and from God and not from things around them (although the Bible is full of advice, eg Psalm 16, Mt 5.1-12. ‘Blessed’ or ‘Bienaventurados’ is the Greek word for ‘Happy’).
So, I would say:
If you want to be happy, make God happy.
This is the advice to the young man in Mt 19.16-26. But every individual needs individual advice from God. So, if our thoughts turn around and begin to find out how to make God (not ourselves) happy, success is almost guaranteed. (But don’t go and sell everything unless God himself tells you to do so).
Greetings to all and how are you all?
Javier
viernes, 30 de octubre de 2009
lunes, 13 de julio de 2009
Justos y pecadores
Una apreciación personal
El Salmo 1 es el primero de tres anónimos y 22 de David con los que se inicia este libro. (Ver Títulos de los editores) Dado que un salmo es una expresión literaria, un poema lírico con música para cantar, entendemos, por una parte, que en esos salmos David quería expresar lo que había en todo su ser; NOTA [1] y por la otra, que David tenía la intención artística del escritor, que tiene algo que decir y lo dice exactamente como lo quiere decir. Es un salmista en quien lo humano y lo divino forman un todo integral, inseparable e individual. Sus salmos son una expresión lírica y autobiográfica, y nos permiten conocerlo en lo íntimo de su ser, y en la relación interactiva que mantiene con Dios y entre Dios, el mundo exterior, y su mundo interior.
El Salmo 1 compara justos con pecadores; los que tienen su delicia en la ley de Jehová y los que hacen escarnio de ella. Qué contraste. Los justos, árboles plantados junto a corrientes de agua; los pecadores, tamo que arrebata el viento. La piedad o impiedad hacia Jehová, y la respuesta de Jehová: “Jehová conoce el camino de los justos, mas la senda de los malos perecerá”.
En los salmos de David también es frecuente este tema, este contraste entre justos y pecadores. Los justos ponen su confianza en Jehová; Sal 3, 4 por lo tanto, no le temen a sus enemigos ni necesitan escapar al monte como aves asustadizas; su corazón está en esa rara placidez que conocemos como ‘el reposo de Jehová’.Sal 11 El justo acude a Jehová y pide protección, Sal 5, 17, 20 ayuda, Sal 12 , 13 victoria Sal 20 y la destrucción de los malvados. Sal 10 Conociéndose, pide vindicación, Sal 7 misericordia, Sal 6 y perdón; y que Jehová lo dirija y le muestre sus caminos. Sal 25
Estos variados sentimientos son estados de ánimo por los que va pasando la vida de David, que no es un superhéroe impasible a quien no le afecten los sucesos terrenales. Es un ser humano física, anímica y espiritualmente. Es un hombre de carne y hueso en quien Dios ha puesto un soplo o espíritu de vida. Y así lo vemos, con cambios y variaciones según las circunstancias por las que atraviesa. Tiene momentos apacibles, serenos y hasta sublimes; y tiene momentos en los que la angustia y el temor lo afligen. Pero sabe que Jehová lo sostiene; de otra manera, se derrumbaría totalmente. Es un hombre común y corriente, cuyo mérito es la fe que pone en Dios. Por eso le pide ayuda. Sus salmos son gritos de angustia que una vez proferidos renuevan su confianza en Dios. Sal 22
En el Salmo 22 aparecen angustia y confianza en el mismo momento y estado de ánimo por el que transita David. Jehová parece responder sin tardanza, pero eso no lo sabemos. Más bien, David, sabe como Isaías que ‘los que esperan en Jehová, nueva fuerza tendrán; volarán con poder, como el águila’. Is 40.31 Y por eso confía y espera en Jehová. En esta variedad de estados de ánimo actúan también inseparablemente los elementos de su ser. Sufre su carne, la parte humana de su ser; pero el espíritu de vida, la parte divina que hay en él, siempre tiene la última palabra. Cuando siente angustia, eleva su voz, y casi sin transición aparece la confianza: “Pero tú eres santo”, Sal 22.3 pero tú eres Dios. Y esa es la lección. Nuestra alma podrá arrastrarnos por el polvo de la angustia y la humillación; pero el espíritu puede levantarnos de entre el polvo, si tan sólo elevamos nuestra alma, no hacia los montes, Sal 22 sino hacia el Señor. A ti, oh Jehová, elevaré mi alma. Sal 25.1
[1] Y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo. I Tes 5.23 El ser es indivisible, pero por conveniencia podemos hablar de lo humano y lo divino del hombre, es decir, su cuerpo y alma, por una parte; y su espíritu, por la otra. O, con mayor brevedad, su carne y su espíritu. VER Sal 1, oración por ICCO.
El Salmo 1 compara justos con pecadores; los que tienen su delicia en la ley de Jehová y los que hacen escarnio de ella. Qué contraste. Los justos, árboles plantados junto a corrientes de agua; los pecadores, tamo que arrebata el viento. La piedad o impiedad hacia Jehová, y la respuesta de Jehová: “Jehová conoce el camino de los justos, mas la senda de los malos perecerá”.
En los salmos de David también es frecuente este tema, este contraste entre justos y pecadores. Los justos ponen su confianza en Jehová; Sal 3, 4 por lo tanto, no le temen a sus enemigos ni necesitan escapar al monte como aves asustadizas; su corazón está en esa rara placidez que conocemos como ‘el reposo de Jehová’.Sal 11 El justo acude a Jehová y pide protección, Sal 5, 17, 20 ayuda, Sal 12 , 13 victoria Sal 20 y la destrucción de los malvados. Sal 10 Conociéndose, pide vindicación, Sal 7 misericordia, Sal 6 y perdón; y que Jehová lo dirija y le muestre sus caminos. Sal 25
Estos variados sentimientos son estados de ánimo por los que va pasando la vida de David, que no es un superhéroe impasible a quien no le afecten los sucesos terrenales. Es un ser humano física, anímica y espiritualmente. Es un hombre de carne y hueso en quien Dios ha puesto un soplo o espíritu de vida. Y así lo vemos, con cambios y variaciones según las circunstancias por las que atraviesa. Tiene momentos apacibles, serenos y hasta sublimes; y tiene momentos en los que la angustia y el temor lo afligen. Pero sabe que Jehová lo sostiene; de otra manera, se derrumbaría totalmente. Es un hombre común y corriente, cuyo mérito es la fe que pone en Dios. Por eso le pide ayuda. Sus salmos son gritos de angustia que una vez proferidos renuevan su confianza en Dios. Sal 22
En el Salmo 22 aparecen angustia y confianza en el mismo momento y estado de ánimo por el que transita David. Jehová parece responder sin tardanza, pero eso no lo sabemos. Más bien, David, sabe como Isaías que ‘los que esperan en Jehová, nueva fuerza tendrán; volarán con poder, como el águila’. Is 40.31 Y por eso confía y espera en Jehová. En esta variedad de estados de ánimo actúan también inseparablemente los elementos de su ser. Sufre su carne, la parte humana de su ser; pero el espíritu de vida, la parte divina que hay en él, siempre tiene la última palabra. Cuando siente angustia, eleva su voz, y casi sin transición aparece la confianza: “Pero tú eres santo”, Sal 22.3 pero tú eres Dios. Y esa es la lección. Nuestra alma podrá arrastrarnos por el polvo de la angustia y la humillación; pero el espíritu puede levantarnos de entre el polvo, si tan sólo elevamos nuestra alma, no hacia los montes, Sal 22 sino hacia el Señor. A ti, oh Jehová, elevaré mi alma. Sal 25.1
[1] Y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo. I Tes 5.23 El ser es indivisible, pero por conveniencia podemos hablar de lo humano y lo divino del hombre, es decir, su cuerpo y alma, por una parte; y su espíritu, por la otra. O, con mayor brevedad, su carne y su espíritu. VER Sal 1, oración por ICCO.
lunes, 8 de junio de 2009
Cómo hacerse cristiano
¿Cómo se hace uno cristiano? Hacerse cristiano es lo mismo que cumplir el propósito superior para el que se nació. El que vive sin propósito es como un cerdo mimado. Se alegra cuando oye decir que al día siguiente le van a dar chicharrón. El que vive sin propósito es como el que dice:
Bueno es saber que los vasos
nos sirven para beber
lo malo es que no sabemos
para qué sirve la sed.
Encontrarle propósito a la vida es encontrar el camino por donde se quiere andar en la vida. Pero el propósito que se busca no es el que el individuo escoge a su gusto, sino el que le es impuesto desde arriba. Descubrir y cumplir ese propósito es la tarea humana. El cumplimiento de ese propósito divino es la medida de nuestra conciencia como humanos, de nuestro éxito como individuos, y de nuestra paz y contentamiento en la vida. No se puede construir una vida que valga la pena sin descubrir ese propósito divino.
En la vida andamos muchos caminos y a veces creemos hacer camino al andar. Cuando encontramos otros que siguen el mismo camino nos sentimos consolados y fortalecidos. Algunos escogen el camino del dinero, otros el de placer, y otros cualquier otro camino. Pero no es el andar lo que importa, sino el llegar. Pero hay algunos que descubren que el camino que seguían no es el que querían, sino el que creían querer. Entonces, se detienen a pensar:
Ay del noble peregrino
que se para a meditar
después del largo camino
en el horror de llegar.
Otros sólo descubren que andaban en el camino equivocado cuando llegan a un final:
“Ay del que llega sediento
a ver el agua correr
y dice: “La sed que siento
no me la calma el beber”.
Otros, se consuelan con el pensamiento de que disfrutaron la vida y de que al fin y al cabo cuando se mueran se van a llevar “Nomás un puño de tierra”. Pero ése es un consuelo vano, porque el polvo que fuimos, seremos; y eso no tiene vuelta de hoja.
El camino cristiano va más allá de este triste final; es el camino de la vida eterna. Es el camino de esa pequeña semilla de mostaza que crece y se convierte en árbol, el camino de la santidad. Es el camino que se nos ofrece desde arriba. Lo tomamos o lo dejamos. No hay término medio. Es un camino que se anda de por vida, con contentamiento. Por lo tanto, el que lo tenga, que no lo deje. Encontrará a su lado muchos como él que también andan en ese camino, y será consolado y fortalecido. En ese camino Yo pienso perseverar en ese camino el resto de mis días.
Y así es como uno se hace cristiano.
NOTA: Los versos son de Antonio Machado.
Bueno es saber que los vasos
nos sirven para beber
lo malo es que no sabemos
para qué sirve la sed.
Encontrarle propósito a la vida es encontrar el camino por donde se quiere andar en la vida. Pero el propósito que se busca no es el que el individuo escoge a su gusto, sino el que le es impuesto desde arriba. Descubrir y cumplir ese propósito es la tarea humana. El cumplimiento de ese propósito divino es la medida de nuestra conciencia como humanos, de nuestro éxito como individuos, y de nuestra paz y contentamiento en la vida. No se puede construir una vida que valga la pena sin descubrir ese propósito divino.
En la vida andamos muchos caminos y a veces creemos hacer camino al andar. Cuando encontramos otros que siguen el mismo camino nos sentimos consolados y fortalecidos. Algunos escogen el camino del dinero, otros el de placer, y otros cualquier otro camino. Pero no es el andar lo que importa, sino el llegar. Pero hay algunos que descubren que el camino que seguían no es el que querían, sino el que creían querer. Entonces, se detienen a pensar:
Ay del noble peregrino
que se para a meditar
después del largo camino
en el horror de llegar.
Otros sólo descubren que andaban en el camino equivocado cuando llegan a un final:
“Ay del que llega sediento
a ver el agua correr
y dice: “La sed que siento
no me la calma el beber”.
Otros, se consuelan con el pensamiento de que disfrutaron la vida y de que al fin y al cabo cuando se mueran se van a llevar “Nomás un puño de tierra”. Pero ése es un consuelo vano, porque el polvo que fuimos, seremos; y eso no tiene vuelta de hoja.
El camino cristiano va más allá de este triste final; es el camino de la vida eterna. Es el camino de esa pequeña semilla de mostaza que crece y se convierte en árbol, el camino de la santidad. Es el camino que se nos ofrece desde arriba. Lo tomamos o lo dejamos. No hay término medio. Es un camino que se anda de por vida, con contentamiento. Por lo tanto, el que lo tenga, que no lo deje. Encontrará a su lado muchos como él que también andan en ese camino, y será consolado y fortalecido. En ese camino Yo pienso perseverar en ese camino el resto de mis días.
Y así es como uno se hace cristiano.
NOTA: Los versos son de Antonio Machado.
lunes, 1 de junio de 2009
Alamanda o Copa de Oro
Allamanda, no te pongas
Ese vestido amarillo
¿Qué no conoces el dicho?
¿Qué no entiendes la modestia del jazmín?
¿Qué no entiendes la molestia de la rosa?
¿Qué no entiendes que no entiendes?
Ese vestido amarillo
¿Qué no conoces el dicho?
¿Qué no entiendes la modestia del jazmín?
¿Qué no entiendes la molestia de la rosa?
¿Qué no entiendes que no entiendes?
jueves, 5 de marzo de 2009
TODOS SABEMOS LO QUE ES UNA MANDARINA
A continuación les transcribo mis notas para un estudio de Biblia con la Iglesia Cristiana de Colima. La idea es dar ideas sobre cómo conducir un estudio de Biblia en paz.
Las notas están incompletas. Hacen falta sus comentarios (que pueden enviar a mi correo electrónico).
Javier
1. Todos sabemos lo que es una mandarina y todos sabemos lo que es un estudio de Biblia. Pero si decimos que un estudio de Biblia es como una mandarina, creamos un elemento que no existía ni en la mandarina ni en el estudio de Biblia. Así funciona la literatura, y así funcionan las parábolas de la Biblia también. Sólo que la literatura explora la profundidad del hombre natural, mientras que la Biblia explora el espíritu del hombre con respecto a la profundidad del Espíritu de Dios.
2. En lo natural, una mandarina es una naranja. Tiene una cáscara o membrana o envoltura que la aísla y la protege. Nadie se come una mandarina con todo y cáscara, de manera que la cáscara también es un obstáculo en cuanto entran en juego las intenciones humanas. Ya sin cáscara, la mandarina está constituida por ‘gajos’ o secciones que a su vez están formados por cápsulas que contienen el jugo de la mandarina. Todos los gajos están protegidos por otra membrana o envoltura que es un aislamiento, protección u obstáculo menos difícil que el de la cáscara. Y en cada gajo hay una semilla que tiene destinos eternos insospechados.
3. En sentido figurado, dándole una significación que sin ser falsa no corresponde a la realidad, un estudio de Biblia es como una mandarina. Para llegar al jugo, que es la multiforme sabiduría de Dios, hay que quitar la cáscara (los obstáculos: flojera, timidez, estado de ánimo, falta de entendimiento de la lectura, falta de concentración, etc), y hay que quitar la membrana o envoltura de los gajos y hay que exprimir el jugo (leer la Biblia con un interés espiritual personal), o exprimir o comer los gajos con todo y envoltura, (leer la Biblia sin interés espiritual) según cada persona acostumbre.
4. El que dirige el estudio de Biblia es como el que pela la mandarina. Sabe por experiencia que todos los gajos son diferentes los unos de los otros, pero sabe que todos tienen jugo, que es la multiforme sabiduría de Dios. Un gajo no puede decirle a otro Tú no eres gajo, ni Tú no tienes jugo, ni Mi jugo es más dulce o Mi jugo es más abundante, porque todos son gajos de la misma mandarina y todos tienen jugo. También sabe por experiencia que hay gajos dulces, y gajos agrios, y gajos agridulces, pero que para el propósito del estudio, todos son gajos y todos tienen algún provecho. También sabe por experiencia que el aceite de la cáscara (la bendición de arriba) le perfuma la mano y esa es una bendición que no quiere perder. Luego, le saca jugo al gajo, con o sin envoltura, según su costumbre.
5. También hay un sentido espiritual. ¿Quién se perfuma las manos, quién le saca jugo al gajo, y quién se lo toma? En primera instancia, los participantes del estudio, pero en última instancia, Dios mismo y los principados y potestades en los lugares celestiales. Ef 3.10, 6.12, Cfr I Cor 11.10, Job 1.6-8 La iglesia cumple un propósito de Dios, el de ser instrumento de revelación de su multiforme sabiduría para beneficio de Dios mismo (el de ver el fruto de su obra en los corazones humanos) y de las demás criaturas que habitan la eternidad.
6. Sabiendo que Dios nos observa con deseos de obtener alguna bendición espiritual ¿podemos contender en un estudio de Biblia? ¿Podemos enojarnos, querer salirnos cada quien con la suya, querer tener la razón a como dé lugar, querer ser jueces de nuestros hermanos y decir quién tiene y quién no tiene la razón, quién entiende o no entiende como nosotros, y por lo tanto, quién está equivocado y quién no? ¿Acaso no sabemos que el amor es más importante que la verdad? Ro 3.20, I Cor 8.1 Más bien consideramos a los demás superiores a nosotros mismos y les damos más honor a los miembros más débiles (si es que hubiera alguna debilidad en la sabiduría de Dios).
7. Luego entonces ¿no hay nada qué corregir? Y si lo hubiera ¿a quién le corresponde corregir? Obviamente, a la Escritura, II Tim 3.16 y al Espíritu Santo, Jn 16.13 y a Dios mismo. Jn 6.45 Pero si algún miembro de la iglesia tuviera que corregir ¿quién quiere (en el peor de los casos) causar pena, dolor, enojo, malestar, rencor, o enemistad a un hermano por causa de su corrección? Si el amor es más importante que el conocimiento, Zapatero, a tus zapatos.
Las notas están incompletas. Hacen falta sus comentarios (que pueden enviar a mi correo electrónico).
Javier
1. Todos sabemos lo que es una mandarina y todos sabemos lo que es un estudio de Biblia. Pero si decimos que un estudio de Biblia es como una mandarina, creamos un elemento que no existía ni en la mandarina ni en el estudio de Biblia. Así funciona la literatura, y así funcionan las parábolas de la Biblia también. Sólo que la literatura explora la profundidad del hombre natural, mientras que la Biblia explora el espíritu del hombre con respecto a la profundidad del Espíritu de Dios.
2. En lo natural, una mandarina es una naranja. Tiene una cáscara o membrana o envoltura que la aísla y la protege. Nadie se come una mandarina con todo y cáscara, de manera que la cáscara también es un obstáculo en cuanto entran en juego las intenciones humanas. Ya sin cáscara, la mandarina está constituida por ‘gajos’ o secciones que a su vez están formados por cápsulas que contienen el jugo de la mandarina. Todos los gajos están protegidos por otra membrana o envoltura que es un aislamiento, protección u obstáculo menos difícil que el de la cáscara. Y en cada gajo hay una semilla que tiene destinos eternos insospechados.
3. En sentido figurado, dándole una significación que sin ser falsa no corresponde a la realidad, un estudio de Biblia es como una mandarina. Para llegar al jugo, que es la multiforme sabiduría de Dios, hay que quitar la cáscara (los obstáculos: flojera, timidez, estado de ánimo, falta de entendimiento de la lectura, falta de concentración, etc), y hay que quitar la membrana o envoltura de los gajos y hay que exprimir el jugo (leer la Biblia con un interés espiritual personal), o exprimir o comer los gajos con todo y envoltura, (leer la Biblia sin interés espiritual) según cada persona acostumbre.
4. El que dirige el estudio de Biblia es como el que pela la mandarina. Sabe por experiencia que todos los gajos son diferentes los unos de los otros, pero sabe que todos tienen jugo, que es la multiforme sabiduría de Dios. Un gajo no puede decirle a otro Tú no eres gajo, ni Tú no tienes jugo, ni Mi jugo es más dulce o Mi jugo es más abundante, porque todos son gajos de la misma mandarina y todos tienen jugo. También sabe por experiencia que hay gajos dulces, y gajos agrios, y gajos agridulces, pero que para el propósito del estudio, todos son gajos y todos tienen algún provecho. También sabe por experiencia que el aceite de la cáscara (la bendición de arriba) le perfuma la mano y esa es una bendición que no quiere perder. Luego, le saca jugo al gajo, con o sin envoltura, según su costumbre.
5. También hay un sentido espiritual. ¿Quién se perfuma las manos, quién le saca jugo al gajo, y quién se lo toma? En primera instancia, los participantes del estudio, pero en última instancia, Dios mismo y los principados y potestades en los lugares celestiales. Ef 3.10, 6.12, Cfr I Cor 11.10, Job 1.6-8 La iglesia cumple un propósito de Dios, el de ser instrumento de revelación de su multiforme sabiduría para beneficio de Dios mismo (el de ver el fruto de su obra en los corazones humanos) y de las demás criaturas que habitan la eternidad.
6. Sabiendo que Dios nos observa con deseos de obtener alguna bendición espiritual ¿podemos contender en un estudio de Biblia? ¿Podemos enojarnos, querer salirnos cada quien con la suya, querer tener la razón a como dé lugar, querer ser jueces de nuestros hermanos y decir quién tiene y quién no tiene la razón, quién entiende o no entiende como nosotros, y por lo tanto, quién está equivocado y quién no? ¿Acaso no sabemos que el amor es más importante que la verdad? Ro 3.20, I Cor 8.1 Más bien consideramos a los demás superiores a nosotros mismos y les damos más honor a los miembros más débiles (si es que hubiera alguna debilidad en la sabiduría de Dios).
7. Luego entonces ¿no hay nada qué corregir? Y si lo hubiera ¿a quién le corresponde corregir? Obviamente, a la Escritura, II Tim 3.16 y al Espíritu Santo, Jn 16.13 y a Dios mismo. Jn 6.45 Pero si algún miembro de la iglesia tuviera que corregir ¿quién quiere (en el peor de los casos) causar pena, dolor, enojo, malestar, rencor, o enemistad a un hermano por causa de su corrección? Si el amor es más importante que el conocimiento, Zapatero, a tus zapatos.
lunes, 16 de febrero de 2009
LA PRESENCIA DE DIOS
A continuación les presento la introducción al primer capítulo del libro de Josh Moody, THE GOD-CENTERED LIFE. ¿Será posible que en nuestras iglesias esté sucediendo lo que en esta iglesia: que en nuestras reuniones no se sienta la presencia de Dios? (¿Quizás Dios estuvo presente y no nos dimos cuenta?). Y si ése es el caso ¿qué podemos hacer? ¿Cómo se siente la presencia de Dios, o cómo debe sentirse? Josh Moddy tiene una respuesta en este libro, pero creo que cada quién podría buscar su propia respuesta en sí mismo y en su iglesia. Ustedes ¿qué dicen?
“Era una iglesia como cualquier otra. La denominación no importa. La música, buena; casi majestuosa. La predicación, sana; casi inspiradora. La gente amable; auténtica como debe ser. Y dieron café al final del servicio.
Después del café todo mundo se fue para distintos rumbos. Y yo me quedé con la duda: ‘¿De esto se trata?’ Corresponde esta bonita actuación religiosa a la visión que nuestro Señor enseñó con respecto a la iglesia del Nuevo Testamento? ¿Hubiera sido mejor si hubiera habido más milagros? ¿Y si el sermón hubiera explorado mayores profundidades? ¿Y si la música hubiera sido más virtuosa? ¿Y si los asistentes se hubieran quedado unos cuantos minutos a platicar?
Si ésta, mi experiencia de una iglesia, es como la tuya – otra vez lo digo, la denominación no importa- sospecho que no me hubiera dejado tanto un sabor amargo como una tímida sensación de que algo había hecho falta. ¿Quizás Dios estuvo presente y no nos dimos cuenta?”
Josh Moody, THE GOD-CENTERED LIFE. Insights from Johathan Edwards for Today.
Regent College Publishing, 2007
I will now transcribe the text quoted above.
It was a church like any other. The denomination does not matter. The music was fine, even stately. The preaching was sane, perhaps inspiring. The people were nice, neatly authentic. And at the end of the service there was coffee.
After the coffee everyone left to go their separate ways. I was left to wonder, ‘Is this it?’ Does this pleasant rendition of religion amount to the vision cast by our Lord for the New Testament Church? Would it have been better if there had been more miracles? What if the sermon had plumbed greater depths? How about if the music had been more technically skilled? What if the people had stayed fro a few more minutes to converse?
If my experience of church is anything like yours –and again the denomination is immaterial- I suspect it does not so much leave a bitter taste in your mouth a timid feeling of having missed something. Did God show up and we did not notice?
“Era una iglesia como cualquier otra. La denominación no importa. La música, buena; casi majestuosa. La predicación, sana; casi inspiradora. La gente amable; auténtica como debe ser. Y dieron café al final del servicio.
Después del café todo mundo se fue para distintos rumbos. Y yo me quedé con la duda: ‘¿De esto se trata?’ Corresponde esta bonita actuación religiosa a la visión que nuestro Señor enseñó con respecto a la iglesia del Nuevo Testamento? ¿Hubiera sido mejor si hubiera habido más milagros? ¿Y si el sermón hubiera explorado mayores profundidades? ¿Y si la música hubiera sido más virtuosa? ¿Y si los asistentes se hubieran quedado unos cuantos minutos a platicar?
Si ésta, mi experiencia de una iglesia, es como la tuya – otra vez lo digo, la denominación no importa- sospecho que no me hubiera dejado tanto un sabor amargo como una tímida sensación de que algo había hecho falta. ¿Quizás Dios estuvo presente y no nos dimos cuenta?”
Josh Moody, THE GOD-CENTERED LIFE. Insights from Johathan Edwards for Today.
Regent College Publishing, 2007
I will now transcribe the text quoted above.
It was a church like any other. The denomination does not matter. The music was fine, even stately. The preaching was sane, perhaps inspiring. The people were nice, neatly authentic. And at the end of the service there was coffee.
After the coffee everyone left to go their separate ways. I was left to wonder, ‘Is this it?’ Does this pleasant rendition of religion amount to the vision cast by our Lord for the New Testament Church? Would it have been better if there had been more miracles? What if the sermon had plumbed greater depths? How about if the music had been more technically skilled? What if the people had stayed fro a few more minutes to converse?
If my experience of church is anything like yours –and again the denomination is immaterial- I suspect it does not so much leave a bitter taste in your mouth a timid feeling of having missed something. Did God show up and we did not notice?
lunes, 9 de febrero de 2009
UN PENSAMIENTO DE PHILIP YANCEY
No conozco a Philip Yancey pero hay en este artículo sobre "Adoración" algunos puntos que valdría la pena considerar.
Un pensamiento de Philip Yancey
lunes 12 de enero de 2009
Adoración de verdad
El estilo de la adoración oscila, como un péndulo, entre un extremo y otro, de lo ortodoxo a lo carismático, de lo anglicano a lo menonita, de lo luterano a lo moravo, de iglesias estatales a movimientos emergentes contraculturales. Quizás necesitemos combinar algo de cada extremo ...
El cristianismo ocupa un lugar único entre las religiones del mundo. Nuestra fe proclama a un Dios ante el cual aun los más grandes santos se quitaron el calzado, cayeron sobre su rostro y se arrepintieron en polvo y cenizas. A la misma vez, revela a un Dios que se presentó sobre la tierra en forma de bebé, mostró tiernas bondades hacia los niños y los débiles, nos enseñó a llamarle «Abba» y amó y fue amado. El Señor es, a la vez, trascendente e inmanente, según nos dicen los teólogos. Nos inspira al espanto como al amor, al temor como a la amistad.
A la mayoría en esta época, sin embargo, se le hace sumamente difícil sentir temor. Hemos domesticado a los ángeles para convertirlos en juguetes y decoraciones navideñas, creado caricaturas de Pedro frente a las puertas del cielo, amansado el fenómeno de la resurrección con huevitos de pascua, y sustituido el asombro de los pastores y reyes magos por graciosos duendes y un simpático gordo vestido de rojo. Nos referimos al Dios todopoderoso con apodos tales como «el jefe» o «el de allá arriba».
En un artículo publicado en la revista Christianity Today, en febrero de 2005, volví a escribir sobre un tema recurrente en mi vida. ¿Cómo es que la palabra adoración se convirtió en sinónimo de música? Por varios meses mi propia congregación salió a buscar un «pastor de adoración», y un desfile de candidatos con guitarra aparecieron en la iglesia, acompañados de sus músicos. Algunos oraron: «Señor, tú sabes, acompáñanos esta noche, como que queremos sentirte, ¿entiendes?» Pocos revelaron algún conocimiento de teología; ni uno solo logró conducirnos hacia una experiencia de asombro. La adoración, hoy, significa llenar con elevados decibeles cada espacio de silencio.
Doy gracias por el espíritu de celebración y gozo que acompañan muchas de las innovaciones musicales en la Iglesia. No obstante, me pregunto qué es lo que se nos ha perdido cuando intentamos reducir la distancia entre criatura y Creador, una distancia tan admirablemente descripta por Job, Isaías y los salmistas. Juan, el discípulo amado por Jesús, en cuyo pecho se había recostado, nos dice en el Apocalipsis que, frente a la aparición de Cristo en toda su gloria, ¡cayó como muerto a sus pies!
El estilo de la adoración oscila, como un péndulo, entre un extremo y otro, de lo ortodoxo a lo carismático, de lo anglicano a lo menonita, de lo luterano a lo moravo, de iglesias estatales a movimientos emergentes contraculturales. Quizás necesitemos combinar algo de cada extremo. Søren Kierkegaard alguna vez dijo que hablamos de adoración como si el pastor y los músicos fueran los actores, y la congregación los espectadores. En realidad, Dios debería ser el espectador, el pastor y los músicos los apuntadores y la congregación los verdaderos participantes.
Todo esto nos lleva a una interesante pregunta: ¿Qué clase de música prefiere Dios? Tendremos mucho tiempo para descubrir la respuesta a esto, pues el Apocalipsis nos revela muchas escenas en que las criaturas adoran a Dios con música y oración.
El filósofo y escritor judío Abraham Herschel nos dice que «el asombro, a diferencia del temor, no nos lleva a alejarnos del objeto que nos inspira este asombro sino, por el contrario, a acercarnos cada vez más a él». Se dice que Martín Lutero oraba con la reverencia de quien se dirige a Dios y la osadía de quien se acerca a un amigo.
Conozco un líder de adoración, con un creciente impacto sobre la música cristiana, que intenta mantener una sana tensión entre los elementos de la amistad y el temor. Matt Redman, autor de varias canciones de profundo contenido, dirige el grupo Soul Survivor, que se reúne en un gran depósito en Londres, Inglaterra. Un año, preocupados por la tendencia en la adoración de centrarse cada vez más en los músicos, él y el pastor de la congregación tomaron una atrevida decisión: quitaron la música de los cultos. El resultado de ese período de «ayuno musical» fue una más acabada comprensión de la adoración. Tal como lo compartiera en una entrevista radial, Redman dice:
Efesios 5.10 resume con elocuencia lo que significa la adoración cuando nos anima a «comprobar lo que es agradable a Dios». Si estamos hablando de la música resulta claro que debemos traer a él una ofrenda que le resulte gratificante. Es obvio que la preocupación del Señor no es por el estilo o el ritmo que tenga la música. Cuando nos derramamos por medio de la música y lo respaldamos con las acciones de nuestra vida, nos hemos acercado a la esencia de lo que significa ser un adorador.
Un álbum que grabó Redman en 1998, The Friendship and the Fear (La amistad y el temor), toma su título de un verso del Salmo 25: «La comunión íntima de Jehová es con los que lo temen» (v. 14).
Redman continúa explorando la relación entre la amistad y el temor, pues la adoración auténtica abarca ambos aspectos. Es la respuesta apropiada a un Dios santo que extiende a seres humanos imperfectos una invitación a la intimidad. En el texto hebreo del Antiguo Testamento la palabra principal para adoración significa «postrarse en una actitud de reverencia y sumisión». En el texto griego del Nuevo Testamento, la expresión más común para adoración significa «adelantarse para besar». Entre estas dos posturas —o la combinación de ambas— se encuentra nuestra mejor ofrenda a Dios.
Fuente: desarrollocristiano.com
© Christianity Today, Mes 10, Año 2005. Usado con permiso. Los Temas de la Vida Cristiana, volumen III, número 5. Todos los derechos reservados.
Un pensamiento de Philip Yancey
lunes 12 de enero de 2009
Adoración de verdad
El estilo de la adoración oscila, como un péndulo, entre un extremo y otro, de lo ortodoxo a lo carismático, de lo anglicano a lo menonita, de lo luterano a lo moravo, de iglesias estatales a movimientos emergentes contraculturales. Quizás necesitemos combinar algo de cada extremo ...
El cristianismo ocupa un lugar único entre las religiones del mundo. Nuestra fe proclama a un Dios ante el cual aun los más grandes santos se quitaron el calzado, cayeron sobre su rostro y se arrepintieron en polvo y cenizas. A la misma vez, revela a un Dios que se presentó sobre la tierra en forma de bebé, mostró tiernas bondades hacia los niños y los débiles, nos enseñó a llamarle «Abba» y amó y fue amado. El Señor es, a la vez, trascendente e inmanente, según nos dicen los teólogos. Nos inspira al espanto como al amor, al temor como a la amistad.
A la mayoría en esta época, sin embargo, se le hace sumamente difícil sentir temor. Hemos domesticado a los ángeles para convertirlos en juguetes y decoraciones navideñas, creado caricaturas de Pedro frente a las puertas del cielo, amansado el fenómeno de la resurrección con huevitos de pascua, y sustituido el asombro de los pastores y reyes magos por graciosos duendes y un simpático gordo vestido de rojo. Nos referimos al Dios todopoderoso con apodos tales como «el jefe» o «el de allá arriba».
En un artículo publicado en la revista Christianity Today, en febrero de 2005, volví a escribir sobre un tema recurrente en mi vida. ¿Cómo es que la palabra adoración se convirtió en sinónimo de música? Por varios meses mi propia congregación salió a buscar un «pastor de adoración», y un desfile de candidatos con guitarra aparecieron en la iglesia, acompañados de sus músicos. Algunos oraron: «Señor, tú sabes, acompáñanos esta noche, como que queremos sentirte, ¿entiendes?» Pocos revelaron algún conocimiento de teología; ni uno solo logró conducirnos hacia una experiencia de asombro. La adoración, hoy, significa llenar con elevados decibeles cada espacio de silencio.
Doy gracias por el espíritu de celebración y gozo que acompañan muchas de las innovaciones musicales en la Iglesia. No obstante, me pregunto qué es lo que se nos ha perdido cuando intentamos reducir la distancia entre criatura y Creador, una distancia tan admirablemente descripta por Job, Isaías y los salmistas. Juan, el discípulo amado por Jesús, en cuyo pecho se había recostado, nos dice en el Apocalipsis que, frente a la aparición de Cristo en toda su gloria, ¡cayó como muerto a sus pies!
El estilo de la adoración oscila, como un péndulo, entre un extremo y otro, de lo ortodoxo a lo carismático, de lo anglicano a lo menonita, de lo luterano a lo moravo, de iglesias estatales a movimientos emergentes contraculturales. Quizás necesitemos combinar algo de cada extremo. Søren Kierkegaard alguna vez dijo que hablamos de adoración como si el pastor y los músicos fueran los actores, y la congregación los espectadores. En realidad, Dios debería ser el espectador, el pastor y los músicos los apuntadores y la congregación los verdaderos participantes.
Todo esto nos lleva a una interesante pregunta: ¿Qué clase de música prefiere Dios? Tendremos mucho tiempo para descubrir la respuesta a esto, pues el Apocalipsis nos revela muchas escenas en que las criaturas adoran a Dios con música y oración.
El filósofo y escritor judío Abraham Herschel nos dice que «el asombro, a diferencia del temor, no nos lleva a alejarnos del objeto que nos inspira este asombro sino, por el contrario, a acercarnos cada vez más a él». Se dice que Martín Lutero oraba con la reverencia de quien se dirige a Dios y la osadía de quien se acerca a un amigo.
Conozco un líder de adoración, con un creciente impacto sobre la música cristiana, que intenta mantener una sana tensión entre los elementos de la amistad y el temor. Matt Redman, autor de varias canciones de profundo contenido, dirige el grupo Soul Survivor, que se reúne en un gran depósito en Londres, Inglaterra. Un año, preocupados por la tendencia en la adoración de centrarse cada vez más en los músicos, él y el pastor de la congregación tomaron una atrevida decisión: quitaron la música de los cultos. El resultado de ese período de «ayuno musical» fue una más acabada comprensión de la adoración. Tal como lo compartiera en una entrevista radial, Redman dice:
Efesios 5.10 resume con elocuencia lo que significa la adoración cuando nos anima a «comprobar lo que es agradable a Dios». Si estamos hablando de la música resulta claro que debemos traer a él una ofrenda que le resulte gratificante. Es obvio que la preocupación del Señor no es por el estilo o el ritmo que tenga la música. Cuando nos derramamos por medio de la música y lo respaldamos con las acciones de nuestra vida, nos hemos acercado a la esencia de lo que significa ser un adorador.
Un álbum que grabó Redman en 1998, The Friendship and the Fear (La amistad y el temor), toma su título de un verso del Salmo 25: «La comunión íntima de Jehová es con los que lo temen» (v. 14).
Redman continúa explorando la relación entre la amistad y el temor, pues la adoración auténtica abarca ambos aspectos. Es la respuesta apropiada a un Dios santo que extiende a seres humanos imperfectos una invitación a la intimidad. En el texto hebreo del Antiguo Testamento la palabra principal para adoración significa «postrarse en una actitud de reverencia y sumisión». En el texto griego del Nuevo Testamento, la expresión más común para adoración significa «adelantarse para besar». Entre estas dos posturas —o la combinación de ambas— se encuentra nuestra mejor ofrenda a Dios.
Fuente: desarrollocristiano.com
© Christianity Today, Mes 10, Año 2005. Usado con permiso. Los Temas de la Vida Cristiana, volumen III, número 5. Todos los derechos reservados.
sábado, 7 de febrero de 2009
UN PENSAMIENTO DE EM BOUNDS
Oh Jehová, de mañana oirás mi voz. De mañana me presentaré delante de ti, y esperaré. Salmo 5.3
El que desperdicia la oportunidad y la frescura de las mañanas en otras cosas que no sean la búsqueda de Dios, cuando lo busca en otras horas no logra mucho. Si Dios no está en primer lugar en la mañana, siempre va a estar en último lugar el resto del día. En el que se levanta temprano, y ora temprano en la mañana, hay un deseo ardiente de buscar a Dios. Pero la pereza o apatía de las mañanas vienen de un corazón que ya no se deleita en el Señor.
Esa flojera es un pecado obvio. Los hijos del mundo son mucho más sabios que nosotros, pues se ocupan de las cosas del mundo a todas horas, de día y de noche. Pero nosotros no nos ocupamos de Dios, ni ardientemente ni con diligencia. No hay quien encuentre a Dios si no lo busca esforzadamente; y nadie que no busque a Dios a primera hora lo está buscando esforzadamente.
¿Por qué será tan fácil ser apático o perezoso cuando se trata de nuestra relación con Dios? ¿Qué cosas específicas nos estorban o nos impiden buscarlo a primera hora?
El que desperdicia la oportunidad y la frescura de las mañanas en otras cosas que no sean la búsqueda de Dios, cuando lo busca en otras horas no logra mucho. Si Dios no está en primer lugar en la mañana, siempre va a estar en último lugar el resto del día. En el que se levanta temprano, y ora temprano en la mañana, hay un deseo ardiente de buscar a Dios. Pero la pereza o apatía de las mañanas vienen de un corazón que ya no se deleita en el Señor.
Esa flojera es un pecado obvio. Los hijos del mundo son mucho más sabios que nosotros, pues se ocupan de las cosas del mundo a todas horas, de día y de noche. Pero nosotros no nos ocupamos de Dios, ni ardientemente ni con diligencia. No hay quien encuentre a Dios si no lo busca esforzadamente; y nadie que no busque a Dios a primera hora lo está buscando esforzadamente.
¿Por qué será tan fácil ser apático o perezoso cuando se trata de nuestra relación con Dios? ¿Qué cosas específicas nos estorban o nos impiden buscarlo a primera hora?
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