Oh Jehová, de mañana oirás mi voz. De mañana me presentaré delante de ti, y esperaré. Salmo 5.3
El que desperdicia la oportunidad y la frescura de las mañanas en otras cosas que no sean la búsqueda de Dios, cuando lo busca en otras horas no logra mucho. Si Dios no está en primer lugar en la mañana, siempre va a estar en último lugar el resto del día. En el que se levanta temprano, y ora temprano en la mañana, hay un deseo ardiente de buscar a Dios. Pero la pereza o apatía de las mañanas vienen de un corazón que ya no se deleita en el Señor.
Esa flojera es un pecado obvio. Los hijos del mundo son mucho más sabios que nosotros, pues se ocupan de las cosas del mundo a todas horas, de día y de noche. Pero nosotros no nos ocupamos de Dios, ni ardientemente ni con diligencia. No hay quien encuentre a Dios si no lo busca esforzadamente; y nadie que no busque a Dios a primera hora lo está buscando esforzadamente.
¿Por qué será tan fácil ser apático o perezoso cuando se trata de nuestra relación con Dios? ¿Qué cosas específicas nos estorban o nos impiden buscarlo a primera hora?
sábado, 7 de febrero de 2009
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